viernes, abril 28, 2006

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Y ahí estaban nuestros cuerpos....

Ay Dios, ahí estabas tú de nuevo.
Ahí estabas con tu cara llena de brillo
tres calles más arriba abarcándolo todo.
No recuerdo cuando fue la primera vez que mezclamos nuestras sonrisas
y comencé a mirar tu perfil sobre mi hombro constantemente,
construyendo ideas que nadie comprendió hasta el día de hoy.

Siempre supe que no estabamos hechos
para todos los que nos rodeaban,
limitados seres que jamás entenderán nuestro idioma.
Caminando por galerías de cemento,
quienes nos hayan mirado por casualidad,
sabrán de nuestra dulce existencia,
y pensaran que será para siempre porque así será.

El árbol que siempre olió a flor invernal y a cándida humedad
guarda hoy, con mirada triste,
las pisadas que nos cobijaron en un verano feliz.
Cuanta gloria teníamos entre los dedos.
Adoro tus frescos ojos que matutinamente advierten tus noches
y me reclamas en sollozos de eterno hombre
que te diga que hacer con tu vida.

De vez en cuando te veo en mis sueños y te recuerdo despierta,
y en mi asiento duro de petróleos conventos, te añoro tan cerca,
como si no supiera que estas ahí, si ahí, donde te prefiero,
riéndonos de torpes azares, de ropas lujosas y de falsos cumplidos.
Ahí te veo como un fantasma en cuerpo,
como una emoción conocida de fuego,
de azúcar lealtad de un eterno par.

Así te cuento que te respiro.
Así cuando te respiro te cuento, y cuento de ti,
y hablo de nosotros para reír de un te quiero.
Así eres tú, naturaleza sangre, de occidentales besos.
Como siempre tu entrado en mi vida,
que hombres como ninguno ocuparan jamás el lugar que nunca ha sido mas que tuyo.

Bajo la alfombra guardaré lo que nos sobra,
y nos reiremos de tales cifras,
y le sumaremos un año más como nos gusta
a este juego de ser quienes somos
ante ninguno más como a nosotros mismos.

La amistad esta celosa de nosotros,
tenemos la obligación de esconderla donde nadie la encuentre,
para no darle la razón a estos enemigos de pasión.

Así, exacto como te encuentras, estabas tú.
Sonriendo como ahora lo haces, como un instante,
reclamando todo y cantando los variados gustos de tu mente,
dejando que el mundo cambie nos aferramos a la muerte súbita,
hecatombe mortal que nos quiere sacar el alma
y regalarla a precio indomable.
No te vayas aunque te lo pida,
que hoy no seria nada y mañana no sería un después.

Así me siento cuando te veo,
cuando te vi ayer y hace un mes.
Así te aprendí a querer y sé
que hasta el día en que olvide mi nombre
tu jamás te iras de ahí, frente a mi frente,
entre mis ojos, te estaré esperando para seguir
en estas de creernos la verdad de todo y
juzgar al mundo como culpables de la locura.

Hoy mi corazón, blando sin bufanda,
de jardín amplio y verdes follajes,
será siempre tu segundo hogar.
Porque eres mi mejor amigo… porque como tú ninguno.

domingo, abril 23, 2006

Nada es para tanto...Porque todo lo es...

La luz se colaba por la ventana.
Daba nostalgia mirar ese calor que siempre entrega sueño y suele expeler aire de otoño.
El color mostaza besándose con el rosado crema de la cama le producían ganas de llorar.
Ella es feliz. Ella puede serlo aun más.
Le contaron el verano pasado que la deforestación en Brasil es peligrosa.
Antes de ese día que el calentamiento global era aún peor.
Ella estuvo mal, al comprender que entendía lo que muchos parecieran no entender y deberían entender, y no entendía nada.
Derrepente la magia de lo desconocido le pareció asquerosa, putrefacta, fatal.
Ella dice que ya nada se puede esperar.
Ella penso que lo único servible está en su mano, ella encontró con quien ser feliz también.
El no la escucha siempre pero al menos es suficiente.
Ella siempre mira con una sonrisa.
Ella espera que eso sea lo que siempre ha esperado.
Es correcto dejar serla feliz.
Derrepente piensa que seria hermoso no escuchar, ver o hablar,
para ahorrarse 1/3 de responsabilidades, pero ella esta agradecida,
no vayas a pensar que eso no es así.
Ella es sencilla, ama la naturaleza.
Piensa que no ha vivido nada, siempre algo la sorprende más aun, ya nada es poco o es peor.
Ella recuerda los blancos inviernos que le siguen, ella deja su álbum de fotos y su postal.
Solo le espera un té preparado con poca azúcar y su tercer pan en el día.
Ella sabe que lo que realmente importa, nadie lo nota.
Ella sabe que despertara y todo seguirá igual.
Ella odia eso.
A ella les dan ganas de ser todo y no querer a nadie.
Ella deja ahí, en su velador, el marco que guarda la foto infantil.
Adora su foto en blanco y negro.