viernes, junio 08, 2007

Otoño en mi Vida: Día 4

El pájaro de ojos grandes y negros es adicto al agua.
En mi fuente, haga frió o calor, se baña con pasión e infalible constancia ante los ojos de la naturaleza. Decidí llamarlo Julio, no se su edad ni tampoco su origen, pero frecuenta mi casa como si siempre fuese la primera vez.
Yo lo recuerdo y no me engaña, no tiene por qué tampoco, creo que es el rey de la fuente y me alegra que así sea.
Luego de su presencia, como rey sin voz, aparecen los más pequeños zorzales que le siguen y gozan ahí con él. Suele abrir las plumas y no deja ni un centímetro sin mojar, que el cielo que se abre en su lomo siempre le parece aburrido, pero ahí, todo le parece mejor.
Mira dentro a través del ventanal frontal y me ve, se queda quieto como esperando repesarías pero como es costumbre consigue un si. Toda la gente que compone este hogar conoce de su existencia y aprecia su fidelidad ante esta humilde empresa de querer mantener vivo alguna muestra de humilde follaje verde.
Después de verificar una navegación segura, se mueve abriendo la tensión superficial que ameniza una perfecta cobertura ante su magnitud tamaño, porque simplemente esta actividad le hace recordar que vive.
Me recuerda el pájaro Julio, cuando estoy dormida, que el invierno no impide que sigamos siendo nosotros mismo, aunque el agua este más fría, y el ambiente te fastidie con una sensasion térmica poco habitual.