martes, julio 15, 2014

Relatos para irse lejos #7

Es triste. Después de días de mudanza, botar, ordenar, guardar, regalar, el departamento de repente se silenció. Cuando todos los que cooperaron se fueron, me largué a llorar. Es como si este espacio diera su último respiro, luego de luchar por su vida, horas y horas de arrojar y arrojar objetos a la superficie que jamás me enteré que existieron, las cosas fueron finitas. Hoy el departamento está disponible (bueno casi casi) y a pesar que se queda con miles de cosas de nosotros es como si se le hubiera ido el alma. No dejo de llorar la energía que ya no se encuentra más. Jamás pensé que se sintiera así, hay que ser más fuerte de lo que se cree. 
Demasiados cambios en poco tiempo además, que bueno ser joven para saber sobre las cosas que no me gustaría repetir.
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