domingo, marzo 15, 2015

Agua

El sonido del agua, así como el de la ciudad se olvida. Se olvida consciente y soberbio, pues cuando sus sonidos se matizan con tu vida diaria, se alejan de la realidad, ya no te hacen flotar ni fluir.
Así que tomé mi mente y la aterricé en el presente, y comencé a dejar de oír para empezar a escuchar. Y así fue, después de meses de pasar por el riachuelo de siempre sentí el agua y su movimiento, me fui por sus corrientes y escuché hablar a su dios, que no es mi dios, pero su espíritu siempre me ha enseñado cosas. Yo que hablo tierra, debo aprender de su poder, este elemento siempre ha sabido sanarme el espíritu, será que lleva a todas las almas del mundo, una nave nodriza del lenguaje del universo.

París, 2014.