martes, julio 07, 2015

Así, sin pensarlo


Así que sin pensarlo, comenzaron su día, como cualquier otro. Como funcionando en piloto automático tomaron desayuno sin apremio aparente, un café fuerte para uno, un té con pan para otro. No siempre se quejaban del tiempo inestable, pero cuando llovía reinaba una especie de nostalgia escondida, un poco más para ella pues él era primavera.

Aceptaban sus destinos, lo construían. Cada día llegaba como naturalidad, así sin resistencia. No era para ninguno forzoso pisar la tierra, tierna suerte de un camino tallado a mano, familias poco esquivas y los dones con los que simplemente se nace, sin embargo cada uno en su mesa jugaba sus apuestas. No era tema vivir, ni avanzar y jamás retroceder, aunque ambos se permitirían una excepción en el futuro.

Vivían una vida paralela desde siempre, aún antes de saberlo y saberse. No tenían certeza de cuantas veces se miraron la espalda, pero lo sospechaban. La vida, simple caprichosa movió las fichas, y en este afán de aburrimiento de vida eterna que tiene, pensó que quizás era interesante volverlos locos, a ellos, tan afables, precisos, tan contentos de vivir sin el uno y el otro.

Las veces que se soñaron se desconocen, sin embargo ese día donde el destino jugando a los dados los cruzó, como alineando los astros se resolvió la duda (aunque la volvió más compleja).

Ese día, una tarde tardía, se miraron los ojos y lo supieron absolutamente. Cómo una excepción contra las leyes de la naturaleza cada cual rompió en locura, descuadró el marco y se fue contra todo lo que vio.

Lucharon en algunas ocasiones por evitarlo, aún así se observaban a lo lejos, buscando excusas y trazando atajos. Así una y otra vez.

Pero ocurrió que el viento sopló demasiado para esquivar sus ramas, las raíces y sus flores. Por lo que tomaron la medida más fuerte de todas, pretender al odio. Pero con tanto ímpetu olvidaron la esencia de todas las cosas, pues el odio no es más que la intensión más desesperada de toda obsesión, el guerrero más terco, el amor único. Así que el tiempo rugió, hasta que aceptaron su verdad: solo ellos pueden verse. Como una manta que se pone, salen a volar a aquel universo paralelo con leyes únicas y lenguaje que solo ellos pueden entender, no necesita explicación, celos, carece de hambre, de envidia, de todo aquello que termina.

Ahora que comienzan sus días, como cualquier otro, sonríen, sabiendo que cada día que pasa el otro está allá a lo lejos, pensándolo. Uno toma su café sabiendo que el otro toma su té con pan. Sabiendo que uno sonríe cuando hay sol o cuando hay lluvia, ya no hay nostalgia y solo se ven sonrisas, como debe ser, pues así sin pensarlo, es.